miércoles, 24 de septiembre de 2008

"Para empezar, él mismo escribía la mayor parte de las reseñas literarias del periódico. Esperaba a que las cosas se enfriaran un poco después de la publicación de una obra, cotejaba y resumía lo publicado en los periódicos de la competencia, buscaba los puntos que se mostraban de acuerdo y los reescribía con el inimitable estilo de . Así, un veredicto unánime en el sentido de que el estilo de una novela era demasiado florido y tímido le hacía escribir:
Las frases de fulanito parecen un collage frenético de las líneas más sentenciosas de George Eliot y las más abstrusas de James Joyce.
Y cuando estaba borracho:
El libro de fulanito parece la interpretación por parte de un compositor borracho de los enloquecidos gañidos de Henry James y de Gertrude Stein engolfados en un sesenta y nueve verbal.
O si, según la opinión general, un determinado biógrafo había dado muestras de insensibilidad en su tratamiento de la vida privada del biografiado, Quentin hacía notar:
Los sucios dedos de fulanito escarbaban en la vida privada del biografiado como si fuera un detective palurdo investigando el libro de contabilidad de un chulo.
Y cuando estaba fumado:
Las cabriolas que se permite fulanito en el solemne refugio de la vida privada del biografiado muestran todo el tacto y la discrección de un orangután lobotomizado que se acaba de sentar sobre un erizo.
O cuando existía la impresión general de que un crítico liteario se había mostrado demasiado generoso con su autor protegido, Quentin hacía notar:
De fiarnos de los criterios de fulanito, Shakespeare se vería reducido a un mero imitador de McGonagall en comparación con el autor al que adula tan desvergonzadamente.
¿Y si estaba de speed?
La babeante idolatría de fulanito por su autor hace que en comparación, el elogio a Tennyson de Wellington parezca una presa de cuello para derribar al adversario, seguida de rotura de antebrazo."

1 comentario:

Anónimo dijo...

tengo un speed amarillo q es lo q se lleva ahora!