-Señor presidente: yo no soy más que un granjero y no tengo ropa apropiada para ese evento. Ahora bien, si usted tiene algún interés en cenar conmigo, con mucho gusto le invito a mi casa de Rowan Oak, en Oxford, Misisipi.
El orgullo y la cortesía, implícitas en semejante respuesta, definen a este caballero del Sur, al que sólo le faltó para redondear su vida morir ebrio de una caída de caballo, un alarde que Faulkner estuvo a punto de conseguir. Era un tipo raro. De sí mismo, unas veces decía que era heredero de un terrateniente del condado y otras que era hijo de una negra y de un cocodrilo. Ambos sueños eran de grandeza.
De joven había empezado por mal camino. "Ese pobre chico de los Faulkner, al que han echado del puesto de Correos por leer las cartas antes de entregarlas", decían los vecinos de Oxford al ver que desde muy temprano había comenzado a rehogar en alcohol sus oficios inestables, cartero, pintor de brocha gorda, dependiente de librería o incluso portero de prostíbulo [...]"

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3 comentarios:
Que osadía decirle que no a Kennedy. Poca gente hubría rechazado tremenda invitación. Yo no, desde luego. Pero supongo que por eso Faulkner era grande y yo sólo soy un proyecto de Filóloga.
Que triteza y simpleza la mía.
Quise decir habría* no "hubría". Joder, menuda filóloga voy a ser, que ni siquiera sé escribir como dios manda!!!
folla a mi madre.
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